Misión
Hacer la salsa macha como se debe: a mano, en lotes chicos, con chiles bien escogidos y sin recortar caminos. Que lo artesanal se note en la primera cucharada, no nada más en la etiqueta.
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Nuestra historia
Esto no empezó como negocio. Empezó como antojo.
Gabriela Hernández
Fundadora
Hola, soy Gabi.
En mi casa el picante nunca fue adorno. Crecí oyendo los chiles tronar en el comal y aprendí que el punto exacto no se mide con reloj: se reconoce por el olor. Cuando el aceite agarra ese rojo profundo y la cocina entera huele a chile tostado — ahí, ni antes ni después — pasa algo.
Mi salsa macha no salió a la primera. Salió como a la número cuarenta. Cambié chiles, moví tiempos, quemé más de un lote que nadie va a extrañar. Hasta que una tarde probé una cucharada y no le moví nada más. Esa es la receta. Y no, no la comparto.
Los primeros frascos fueron para la familia. Luego los amigos empezaron con «¿y no tendrás otro?» — y de tanto «otro» nació Fuego Gourmet. Hoy sigo haciendo cada lote en mi cocina, y cada etiqueta la pego yo, a mano. Si el frasco no me convence, no sale. Así de fácil.
Cuarenta intentos, un comal y una necedad: que quedara exactamente como yo quería.
Se los di a mi familia. Me los devolvieron vacíos y con encargo.
Sin anuncios y sin bodega. Pura gente recomendando a su gente.
Más mesas, mismos lotes chicos. Crecer sí; soltar la cuchara, jamás.
Hacer la salsa macha como se debe: a mano, en lotes chicos, con chiles bien escogidos y sin recortar caminos. Que lo artesanal se note en la primera cucharada, no nada más en la etiqueta.
Llegar a más mesas de México sin salirnos de la cocina de casa. Que «la macha de Gabi» se recomiende como se recomienda lo bueno: en corto, entre gente que sabe.
«Yo no vendo una salsa que no pondría
en mi propia mesa.»
Por eso cada frasco lleva mi firma. — Gabriela Hernández
Ya conoces la cocina, el comal y la necedad. Lo que sigue se prueba: una cucharada y entiendes por qué los frascos no duran. Te espero del otro lado del antojo.
Gabi